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LA HISTORIA DEL PARQUE JAPONES

El recuerdo de la caída de las hojas de un cerezo maduro, La belleza de un pez koi enredado en la curva de su instinto y la paz infinita de los jardines orientales, llevaron a los migrantes japoneses residentes en nuestro país, a trabajar y donar una diversidad de parques que rememoran un aspecto de su tierra y cultura de origen.

El primer intento de construir un jardín japonés en Chile se remonta a 1910. Para la conmemoración del centenario de la independencia. El ministro Eki Hioki, en nombre de su gobierno hace obsequio de 2.000 cerezos japoneses. Desafortunadamente estos cerezos son retenidos en la Aduana por razones sanitarias y nunca llegan a pisar suelo chileno. Dieciséis años después se logra concretar el primer parque. En 1926, cuando el Príncipe Hirohito sucede en el trono imperial a su padre Yoshihito, un grupo de japoneses residentes en Santiago le hacen llegar una montura chilena como obsequio. En reciporcidad, la Casa Imperial hace un envío de 3.000 cerezos que con el nombre de Parque Japonés, entran a ornamentar una parte del costado sur del río Mapocho. Más tarde este parque pierde su nombre original y pasa a llamarse Gran Bretaña y finalmente, Providencia. Desaparece en la década del 40.


1963, es el año en que la colonia japonesa residente en Antofagasta decidió donar un lugar de esparcimiento y meditación de acuerdo a la usanza oriental, en agradecimiento a la acogida realizada por la ciudad a los japoneses migrantes. Desde ese instante el parque se ha transformado en un lugar de encuentro, en donde las emociones de los antofagastinos, por años se han sentado bajo la sombra de un árbol, a pensar en el aquí y ahora. Ya que la La cultura verdadera nace con la naturaleza, es simple, humilde y pura, como el sol que muere en el fondo del pacífico y renace en una bella luna oriental de velos nórticos... Porque en el cerro más desnudo siempre podrá existir el cerezo más bello.